Diez consejos para ejercer la paternidad con ternura

Elisa Sánchez, psicóloga y especialista del programa técnico Niñez y Adolescencia libre de violencia / Marzo, 2021

No hay escuelas ni universidades que preparen para quizás el mayor reto de cualquier persona: ser padre. Muchos repiten los métodos de crianza de sus progenitores, métodos que no siempre fueron los mejores. Ejercer la paternidad y hacerlo con ternura puede ser todavía más difícil. Por ello, Elisa Sánchez, psicóloga y especialista del programa técnico Niñez y Adolescencia libre de violencia de World Vision Nicaragua, nos brinda las siguientes recomendaciones.

En este blog compartiremos una serie de consejos para practicar la paternidad con ternura, pero antes, debemos comprender en qué consiste esta revolución de la paternidad.

La ternura se entiende, en primer lugar, como una forma de comunicación humana por la que no solo se establecen vínculos con palabras, sino también con expresiones de afecto, como caricias, miradas, sonrisas y otras formas de transmitir amor. En segundo lugar, se entiende como una práctica de convivencia incluyente y solidaria con la que se acoge a todas las personas por igual porque se les reconoce su dignidad y valor.

Y, en tercer lugar, también se percibe como un vínculo de relaciones humanas que ayuda al crecimiento de la afectividad, la confianza y la seguridad, para que las personas “desarrollen la capacidad de afrontar las dificultades que surjan a través de la vida”. La ternura es una forma de relacionarnos, de convivir y de construir una sociedad más justa y solidaria. Es “una revolución cultural que anima el florecer humano y social […] que se cultiva desde relaciones de amor, cuidado de la vida en todas sus expresiones y reivindicación política del derecho al cuidado libre de violencia y pleno de amor”. (Grellert, 2016.)

Por otra parte, la paternidad tiene una vinculación con lo humano, desde lo social y lo legal. En Nicaragua, desde el Código de la Familia en el Art. 188, Alcance de la paternidad y maternidad se establece como paternidad y maternidad responsable, el vínculo que une a padres y madres con sus hijos e hijas, que incluye derechos y obligaciones, ejercidos responsablemente y de forma conjunta en el cuido y crianza, alimentación, afecto, protección, vivienda, educación, recreación y atención médica, física, mental y emocional de sus hijas e hijos, a fin de lograr su desarrollo integral.

Podemos establecer entonces que el ejercicio de la paternidad no se limita al cumplimiento de condiciones básicas con el fin de lograr el desarrollo integral de las niñas, niños y adolescentes, sino también, debe incluir una serie de tareas que hacen sinergia con el cumplimiento desde el marco de derechos hasta el bienestar de la niñez, donde es necesario acompañar, guiar y recorrer juntos por la construcción de la resiliencia, fomentar la comunicación humana, expresiones de afecto, transmitir amor, practicar la convivencia incluyente y solidaria, reconocer su dignidad y valor, vincular las relaciones humanas que ayudan al crecimiento de la afectividad, la confianza y la seguridad de los hijos.

La paternidad vista desde el rol que la figura masculina representa en nuestra sociedad, es la de un proveedor en sentido económico, con cero involucramiento en el cuidado y desarrollo temprano de los niños y niñas y con nulas manifestaciones de acompañamiento emocional o muestras de cariño.

También, ha sido una responsabilidad tradicional de los hombres ejercer dominio y corregir la conducta de sus hijas e hijos y de manera especial, mostrar un alto control sobre la conducta sexual de las mujeres; sin embargo, la responsabilidad de socializar y vincularse emocionalmente con los hijos e hijas ha sido una tarea relegada únicamente en las mujeres.

Tomando en cuenta esta división, donde los roles de género marcan grandes desigualdades en las familias, World Vision Nicaragua promueve la paternidad con ternura desde la implementación del modelo de Crianza con ternura con padres y madres, con el fin, de establecer la relación positiva con sus hijas e hijos, que se fundamenta en la valoración y la dignidad de la vida de las niñas, niños y adolescentes.

A través de la crianza con ternura, buscamos erradicar la crianza autoritaria, permisiva y negligente, pues esto genera miedo y dolor a los niños y niñas internalizando en ellos una cultura del desamor, limitando su desarrollo, crecimiento y reproduciendo el círculo de la violencia en su entorno.

En este artículo conoceremos algunos consejos para ser practicantes de la paternidad con ternura, rompiendo con los estereotipos socialmente construidos, enfocados en contribuir en el bienestar de la niñez, donde los padres juegan un rol activo, empático y protagónico en la educación de los niños y niñas, teniendo como centro y ejemplo la ternura que proviene de Dios, quien es un padre amoroso, misericordioso y compasivo.

Estas recomendaciones pueden variar dependiendo de la dinámica familiar y pueden transformarse considerando los intereses personales de cada niño/a o bien de las oportunidades que se pueden generar:

  1. Entregale un amor incondicional: desde el nacimiento nuestras niñas y niños requieren de amor en cada momento, incluso en los espacios de corrección el amor debe de prevalecer, a fin de que nuestros hijos tengan una figura correctiva compasiva y promueva el aprendizaje. No debemos crear una imagen de sujeto inquisidor de reglas y normas que borran la alegría natural, la luz de los rostros de los pequeños y generan miedo. Un padre amoroso perdurará por toda la vida en la mente y en el corazón de sus hijos hasta llegar a su vida adulta y creará replicadores de ternura y corrección positiva.
  2. Hacé contacto visual: que la atención no se limite a cumplir sus necesidades físicas y económicas, sino también de involucrarse física y emocionalmente con tus hijas e hijos, lo cual te permitirá validar y conocer su interés, sembrar confianza, construir una autoestima sólida y fortalecer vínculos afectivos. NO te limités, dejá el celular a un lado y observá las hermosas cualidades que tu hijo o hija posee.
  3. Dale contención cuando sienta pena, miedo o rabia: Tomá en brazos y abrazá a tu hija o hijo cuando estén expresando alguna emoción que los abrume. Las emociones validan la humanidad. Sentir tristeza por la razón que sea es más que válido. Las niñas y niños de los 0 a los 3 años se sumergen en una montaña rusa de emociones y empiezan los procesos de identificación y reconocimiento, pero no saben cómo gestionarlas de manera adecuada. Ese es el acompañamiento que los padres deben de realizar. Guiar la gestión emocional en la niñez permite tener adultos emocionalmente sanos en el futuro.
  4. Conversá sobre las cosas que le sucedieron durante el día: los días de una niña o un niño están llenos de experiencias únicas y diferentes, no les invalidés sus experiencias o emociones. Recordá que ellos están iniciando su recorrido por la vida, por tanto, celebrá con ellos sus éxitos, sus fracasos y cada momento que experimenten acompañales, hazles saber que estás siempre para escuchar y atender sus largas o cortas conversaciones.
  5. Sé firme y respetuoso para ponerles límites: ser tierno no significa que no debás corregir, solamente no te convirtás en el inquisidor o en el padre cruel, generá espacios reflexivos. Las normas de convivencia se deben cumplir y los límites son necesarios para comprender lo que debe o no se debe hacer, por tanto, convertite en ese guía y acompañalos.
  6. Enseñá a compartir las tareas domésticas en la casa: uno de los mejores escenarios primarios para la educación es el hogar. Las tareas domésticas ayudan a despertar la independencia en la niñas y niños, y también fomentan la responsabilidad y cultivan valores de colaboración.
  7. Acompañales a pasear, a dormir, comer y acostarse: estas actividades permiten enlazar los vínculos afectivos, fortalecen el auto-concepto porque conocen la importancia de realizar las actividades de higiene personal y cumplimiento de horarios, además de compartir y dedicar tiempo de calidad con cada miembro de la familia.
  8. Compartí momentos de juegos y entretenimiento: los tiempos cambian y los juegos son diferentes a los que jugabas. No critiqués sus juegos. Si reconocés que algunos pueden ser nocivos, compartí tus preocupaciones. Involucrate en sus actividades, conocé sus intereses, no comparés con otros hijos. Cada uno es diferente y ser diferentes está bien.
  9. Celebrale sus actividades, logros y/o aprendizajes: no siempre se gana, por tanto, acompañá cada etapa, cada logro, fracaso. Aprendé junto a tus pequeños. invitalos a la reflexión y motivalos a ser mejores personas cada día.
  10. Educá con el ejemplo: ser padres nos coloca bajo de la lupa y la evaluación constante, pero ya no solo podemos educar con la palabra, sino con lo que día a día demostramos, por tanto, debe ser coherente nuestro ejemplo con lo que proclamamos.

Aquí te dejamos un bonus:

Te invitamos a que como padre de familia te animés a planear y participar en actividades que propicien la unión, comunión y el compartir con familia (una tarde de películas en familia, juegos de mesa, actividades en el jardín o el patio, hornear, pintar, etcétera). No dejés que esta tarea sea responsabilidad de tu esposa, rompamos con esa etiqueta y también ayudarás a minimizarle la carga física y emocional de tener sobre sus hombros la estabilidad emocional de la familia.

Ser padre y esposo te convierte en un miembro que debe generar seguridad y armonía a toda la familia.

Adoptá en tu rutina familiar las recomendaciones que sentís que se adaptan mejor a tu hogar. Con ellas, incidirás en el bienestar de tu familia, llenarás a tus hijos e hijas de buenos recuerdos que les acompañarán de por vida y heredarás una cultura de amor, corrección y paternidad con ternura a tus futuras generaciones.

Serás el creador de adultos sanos, padres tiernos y protectores; pero recordá, el ejemplo debe empezar en vos.

*Anna Grellert, notas personales en la conferencia-taller sobre Crianza con ternura, ofrecida en Santiago de Cuba, Cuba, 27 de mayo de 2016.)